La frontera como campo de batalla. A propósito de Venezuela

Foto: Mauricio Duenas Castaneda / EFE

Por Daniel Villafuerte Solís[1]

La función de las fronteras es, en términos genéricos, constituirse en espacios de regulación por donde cruzan mercancías y personas, mensajes y dinero. Es donde el Estado-nación comienza y termina de ejercer su soberanía, donde paradójicamente su presencia acusa mayor debilidad y donde la representación institucional es deficitaria, lo que permite la conformación de espacios de “ingobernabilidad”. Son espacios de infiltración, disrupción y generadores de pautas en las sociedades fronterizas donde crece el sentimiento de abandono de la gente por parte del Estado.

En el presente, cuando se está gestando una “nueva guerra fría”, las fronteras adquieren una enorme relevancia por la serie de problemas emergentes propiciadas por intereses geopolíticos. En América del sur los ojos de una buena parte del mundo están puestos en la frontera colombo-venezolana donde concurren fuerzas políticas y militares por el control del destino de Venezuela que desde hace varios años se convirtió en un “problema” para los gobiernos de Estados Unidos y sus aliados por desafiar la lógica del modelo de globalización negativa (Singer, 1998).

Por la frontera se expresan diversas tensiones: la salida de venezolanos hacia Colombia y a otros países en búsqueda de opciones de vida, la operación de un mercado negro de alimentos, combustibles, medicamentos y otras mercaderías para hacer jugosos negocios de grupos que aprovechan la conflictividad. Otra manifestación reciente es la concurrencia de una diversidad de actores políticos, donde destaca el congresista republicano Marco Rubio y el director de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo (USAID), organizaciones humanitarias interesadas en suministrar productos básicos a una población venezolana que atraviesa por una “hambruna” y carece de medicamentos. Rubio, convertido en paladín de la democracia, en una visita efectuada el 18 de febrero en la frontera colombo-venezolana expresó: “Ya sea que se queden con este dictador, que es ilegítimo y sus días están contados, y niegan al pueblo alimentos y medicinas. ¿O es tiempo de decir: ‘Hasta aquí llegamos’?”  (Casey y Kurmanaev, 2019).

Detrás de toda la tensión se encuentra el gobierno de Estados Unidos que trata de infiltrar por la frontera el “auxilio”, la “ayuda humanitaria” “el bien”, para atenuar “el mal” que está ocasionando el gobierno “dictatorial” de Nicolás Maduro. Hay que recodar, en este sentido, las recientes declaraciones del presidente Trump en Miami: “Estamos aquí para proclamar que un nuevo día está por llegar a Latinoamérica. En Venezuela y en el hemisferio occidental, el socialismo está muriendo y la libertad, la prosperidad y la democracia están renaciendo” (Casey y Kurmanaev, 2019). En concordancia con estas declaraciones, el secretario de Estado Mike Pompeo, refiriéndose a Venezuela, Nicaragua y Cuba, expresó: “las condiciones en las que se encuentran hoy en día no son necesarias, pueden tener una vida diferente y contribuirán con sus esfuerzos, su buena voluntad y su humanidad a lograr una mejor situación política, tanto en Venezuela como en Nicaragua y también en Cuba” (RT Noticias, 23 de febrero de 2019).

En medio de todo se envían mensajes de paz de ambos lados de la frontera. Se promovieron dos conciertos musicales: por una parte, en el puente internacional, del lado de Colombia, se programó la actuación de los grupos musicales y cantautores patrocinado por el magnate británico Richard Branson con el propósito de recaudar 100 millones de dólares. Por otra parte, el gobierno de Maduro también proyectó dos conciertos sobre el espacio del puente Simón Bolívar, con las consignas “para la guerra nada” y “fuera manos de Venezuela” (Ives, 2019).

Como complemento, el día clave para pasar la “ayuda humanitaria” -23 de febrero-, al puente fronterizo las Tienditas concurrieron “los presidentes de Chile y Colombia y el secretario general de la OEA junto a Juan Guaidó, el presidente encargado de ese país” (La Tercera, 23 de febrero de 2019). Este acto representa la embestida diplomática más contundente contra el gobierno de Maduro, que comenzó desde antes con las reuniones de la OEA y del Grupo de Lima.

Aunque la lucha política y diplomática seguirá, el objetivo del día 23, el paso de la “ayuda humanitaria” por la frontera colombo-venezolana, fracasó, y aunque el saldo reportado fue de 5 muertos y la deserción de 60 militares venezolanos, según informaron medios antimaduristas, el secretario Mike Pompeo expresó: “Estados Unidos tomará acciones contra aquellos que se oponen al restablecimiento pacífico de la democracia en Venezuela. Ahora es momento de actuar para apoyar las necesidades del desesperado pueblo venezolano”.

En otra parte de la geografía hemisférica, desde la crisis migratoria de 2014 se ha venido presionando a los países centroamericanos, sobre todo El Salvador, Guatemala y Honduras, para implementar medidas para contener la migración hacia Estados Unidos, considerada asunto de seguridad nacional. Esto llevó a la puesta en marcha de la Iniciativa para la Prosperidad del Triángulo Norte, con apoyo financiero por un monto de 750 millones de dólares. Como parte del plan de contención, en México se instrumentó el llamado Programa Frontera Sur, que se caracterizó por detenciones y deportaciones, registros sistemáticos en el tren de carga utilizado como transporte por los migrantes, en hoteles, caminos y carreteras, con vigilancia a cargo de la gendarmería y elementos del Instituto Nacional de Migración, auxiliados por las policías federal y estatal.

En este contexto la Frontera Sur de México adquiere mayor atención, y en la frontera norte, con Estados Unidos, la vigilancia se estrecha. Se aumenta los efectivos de la Patrulla Fronteriza y se insiste de manera sistemática en la construcción del muro a lo largo de la frontera sur de Estados Unidos.

Desde el 1 de diciembre de 2018 se vive en México  una sensación de cambio, con muchas expectativas diferenciadas, tamizadas, pero con evidencia de un cambio de rumbo, de un giro a lo que podría ser un cambio de régimen, hacia un Estado tipo keynesiano, preponderante, regulador y con ejercicio de gobierno que pretende cubrir todos los espectros de la vida nacional: economía, sociedad, cultura, deportes, comunicación, y un destacable reposicionamiento de la diplomacia encarnado en la recuperación de los principios consagrados en la Constitución Política, de no intervención y autodeterminación de los pueblos. Vivimos en un mundo cada vez más abigarrado, con realidades emergentes y fronteras complejas. En particular enfrentamos la relación con los países Centroamericanos en temas de difícil abordaje y solución como la migración transnacional, con una política de puertas cerradas, la delincuencia organizada y otros aspectos de la vida comercial, económica y financiera.

El tema migratorio y de seguridad vincula México con Estados Unidos, este vínculo pone en punto de mira a la frontera sur de México, en especial el estado de Chiapas por donde transitan miles de migrantes centroamericanos todos los años, con especial visibilidad en las llamadas caravanas masivas que comenzaron a visibilizarse desde octubre de 2018.

En este marco, el presidente Trump hizo la declaratoria de Emergencia Nacional como estrategia para obtener fondos solicitados y negados por el congreso como presupuesto ordinario para construir el muro fronterizo con México: “Debido a la gravedad de la situación de emergencia actual, es necesario que las Fuerzas Armadas proporcionen apoyo adicional para enfrentar la crisis” (The White House, 2019). Esta declaratoria revela la visión geopolítica que vincula la frontera norte con la frontera sur de México y la relación con Centroamérica.

La referencia a la frontera sur de México evoca necesariamente a Chiapas, una entidad bisagra, la puerta grande y corredor natural con Centroamérica. Un estado de enorme complejidad social, con un rezago económico estructural. Esperemos que la frontera colombo-venezolana sirva de espejo para mirar a nuestra frontera sur de otra manera, vinculada a Centroamérica.

 

Texto publicado originalmente en https://www.chiapasparalelo.com/opinion/2019/02/la-frontera-como-campo-de-batalla-a-proposito-de-venezuela/

 

Referencias

Casey, Nicholas y Anatol Kurmanaev, 2019. “La crisis de la ayuda humanitaria es la clave del cambio en Venezuela”. The New York Times ES (18 de febrero de 2019). En: < https://www.nytimes.com/es/2019/02/18/venezuela-ayuda-humanitaria-frontera/?emc=edit_bn_20190219&nl=boletin&nlid=9038404420190219&te=1>, consultado el 21 de febrero de 2019.

La Tercera (23 de febrero de 2019). “Piñera llega junto a Duque y Guaidó a puente clave para intento de entregar ayuda humanitaria a Venezuela”. En: <https://www.latercera.com/mundo/noticia/pinera-llega-junto-duque-guaido-puente-clave-intento-entregar-ayuda-humanitaria-venezuela/541110/>, consultado el 23 de febrero de 2019.

 RT Noticias (23 de febrero de 2019). “Efecto dominó: Pompeo promete que EE. UU. ayudará a erradicar el “autoritarismo” en Nicaragua y Cuba”. En < https://actualidad.rt.com/actualidad/306452-pompeo-eeuu-erradicar-autoritarismo-nicaragua-cuba>, consultado el 23 de febrero de 2019.

Singer, Paul,1998. “Globalización positiva y globalización negativa. La diferencia es el Estado”. Cuadernos de Nueva Sociedad, segundo semestre.

The White House (February 15, 2019). Presidential Proclamation on Declaring a National Emergency Concerning the Southern Border of the United States”. En: <https://www.whitehouse.gov/presidential-actions/presidential-proclamation-declaring-national-emergency-concerning-southern-border-united-states/ >, consultado el 16 de febrero de 2019.

[1] Colaborador del Observatorio de las democracias: sur de México y Centroamérica (ODEMCA). Investigador en el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica (CESMECA). Correo electrónico: gasoda2000@gmail.com